Foto: Palmeiras
En la Copa Libertadores las series se definen por detalles. E irónicamente Palmeiras eliminó a Cerro Porteño con la vieja receta paraguaya: el centro, cabeza y gol.
El Ciclón comenzó el partido con todo, con una intensidad digna de una batalla de Copa Libertadores contra un Verdão que no estuvo cómodo en Barrio Obrero debido a esa tendencia del equipo de Ariel Holan.
Cerro tuvo chances y de entrada asustó. Un remate de Ignacio Aliseda que no pudo cerrar Pablo Vegetti. Posteriormente, también usó la pelota parada y se dio la chance más clara en los pies de Iván Ramírez, quien lanzó una pirueta para definir pero la mandó arriba ya estando debajo del arco.
En la parte final de esa primera mitad comenzó a despertar Palmeiras y coincidentemente cuando el Ciclón comenzó a bajar la intensidad en la marca. Un remate de Piquerez anunciaba el poderío del Verdão, posteriormente Jhon Arias desbordó por derecha, lanzó un centro atrás y Lucas Evangelista remató esquinado pero salvó increíblemente Lucas Quintana.
De ese córner llegó el golpazo del visitante. Centro del colombiano Arias para que aparezca el paraguayo Gustavo Gómez para aplicar un certero cabezazo y mandarla al fondo. En lo que más sabe, Gómez volvió a ser determinante para su equipo y silenció la Nueva Olla con su poderío aéreo.
En la segunda mitad, Cerro no pudo reaccionar inmediatamente y no tuvo la capacidad creativa para dañar más al rival. Con mucho más empuje que otra cosa, intentaba e intentaba, pero Palmeiras sabe resistir este tipo de contextos y lo logró.
El conjunto paulista tuvo sus chances. Otra vez una pelota para donde ganaron los visitantes, Murilo (que tapó Roffo) y posteriormente Gómez que una vez más se hizo dueño del fútbol aéreo.
Cerro recién en la recta final pudo asustar, con más empuje que otra cosa, le quedó un balón a Pablo Vegetti, quien remató potente y Carlos Miguel se agrandó para sacar. En otra ocasión, un centro desde el tiro de esquina que ganó Torres pero que no tuvo la potencia ni colocación necesaria para ir dentro del arco.
El equipo de Ariel Holan dejó el alma, dejó todo, pero una vez más no pudo romper la maldición en casa y la ilusión copera de todo un pueblo se esfuma.







