CAAZAPÁ. La comunidad católica del departamento de Caazapá se alista para vivir una serie de actividades religiosas y conmemorativas en honor a Fray Juan Bernardo Colmán, considerado el primer mártir mestizo de la antigua Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay, cuya figura sigue siendo recordada por su destacada labor evangelizadora y su invaluable aporte a la preservación y enseñanza del idioma guaraní.
Las celebraciones se desarrollarán en la localidad de Jahapety, distrito de Caazapá, sitio histórico donde el joven fraile franciscano fue martirizado en junio de 1594 mientras cumplía una misión evangelizadora. La conmemoración coincide con un nuevo aniversario de su muerte y reunirá a autoridades eclesiásticas, religiosos, fieles y peregrinos provenientes de distintos puntos del país.
La primera gran convocatoria está prevista para este domingo 31 de mayo a las 10:00Hs, con una solemne celebración eucarística que contará con la presencia del Nuncio Apostólico en Paraguay, monseñor Vincenzo Turturro; el obispo de la Diócesis de Caazapá, monseñor Marcelo Benítez Martínez; representantes de la comunidad franciscana y numerosos devotos que llegarán hasta el histórico sitio de Jahapety para rendir homenaje al religioso.
Posteriormente, el próximo 2 de junio, fecha exacta del aniversario de su martirio, se celebrará una nueva Santa Misa presidida por monseñor Marcelo Benítez junto con sacerdotes del clero diocesano, también a las 10:00Hs, en el mismo lugar donde ocurrió uno de los episodios más significativos de la historia religiosa del Paraguay colonial.
Un legado ligado al idioma guaraní
Durante la presentación de las actividades conmemorativas, monseñor Marcelo Benítez destacó la relevancia histórica y cultural de Fray Juan Bernardo Colmán, especialmente por su estrecha vinculación con los primeros esfuerzos para sistematizar y enseñar el idioma guaraní.
El prelado recordó que el religioso fue una de las primeras vocaciones nacidas en territorio paraguayo y que su vida constituye un ejemplo de valentía, fe y entrega al servicio de Dios y de los pueblos indígenas.
Según explicó, el aporte de Juan Bernardo fue determinante en los inicios de la evangelización en lengua guaraní. Hijo de una mujer indígena de la región del Guairá y de un conquistador inglés, el joven dominaba perfectamente el idioma nativo, condición que le permitió convertirse en un colaborador fundamental de los misioneros franciscanos.
Su profundo conocimiento del guaraní facilitó la tarea de Fray Luis de Bolaños, considerado uno de los grandes impulsores de la evangelización en Paraguay y creador de la primera grafía de la lengua guaraní.
De acuerdo con los registros históricos, Juan Bernardo colaboró estrechamente con Bolaños en la traducción del catecismo al idioma guaraní, una obra que posteriormente sería adoptada por disposición del Sínodo de Asunción para la enseñanza de la doctrina cristiana en toda la región.
Monseñor Benítez señaló que la permanencia y fortaleza que mantiene el guaraní hasta nuestros días constituye también parte del legado de aquellos pioneros evangelizadores, entre ellos Fray Juan Bernardo Colmán.
Mediador entre culturas
Además de su trabajo pastoral, Juan Bernardo cumplió una importante función como mediador entre los pueblos indígenas y las autoridades religiosas de la época.
Su capacidad para comunicarse en guaraní le permitió acercarse a distintas comunidades originarias, presentándose no como un invasor ni un emisario político, sino como un hermano dispuesto a compartir el mensaje cristiano en la lengua propia de los pueblos.
Esa capacidad de diálogo fue precisamente una de las razones por las cuales las autoridades civiles y religiosas le encomendaron una delicada misión en el año 1594.
La misión que terminó en martirio
La historia relata que a comienzos de aquel año un hermano dominico había sido capturado por indígenas paranáes en la zona de Jahapety, durante un periodo de fuerte conflicto con los españoles.
Ante la gravedad de la situación, las autoridades solicitaron a Fray Juan Bernardo que se trasladara hasta la región para intentar rescatar al religioso cautivo y recuperar importantes documentos que este transportaba desde la Real Audiencia y la Corona española.
Antes de partir, el joven franciscano se confesó con su amigo y compañero de misión, Fray Gabriel de la Anunciación Guzmán, en la reducción de San Blas de Itá.
Posteriormente emprendió viaje acompañado por tres indígenas colaboradores, uno procedente de Itá y dos de Yaguarón.
Al llegar a Jahapety, en junio de 1594, comprobó que el religioso dominico ya había sido ejecutado.
Poco después, él y sus acompañantes fueron capturados por los indígenas sublevados. Según las crónicas de la época, Fray Juan Bernardo fue llevado ante el cacique local, donde sufrió brutales agresiones físicas antes de ser sometido a un ritual de sacrificio.
Las fuentes históricas señalan que los captores intentaron obligarlo a participar de una ceremonia considerada pagana por el fraile, quien rechazó beber una poción ritual conocida como “chicha”.
A pesar de las torturas, los testimonios recogidos indican que el religioso continuó predicando y hablando de Dios hasta sus últimos momentos de vida.
Los relatos sostienen que fue sacrificado siguiendo un ritual antropofágico y que incluso después de recibir las heridas mortales continuó pronunciando palabras de fe, hecho que impresionó profundamente a quienes presenciaron el episodio.
Fray Juan Bernardo Colmán murió a los 24 años de edad, convirtiéndose en una de las figuras más emblemáticas de la historia religiosa paraguaya.
Camino a la beatificación
Actualmente, la Iglesia Católica impulsa el proceso de beatificación de Fray Juan Bernardo Colmán, cuyo testimonio de fe y entrega continúa despertando admiración entre los fieles.
En el lugar exacto de su martirio, en Jahapety, se levanta una cruz que recuerda el sacrificio del joven franciscano. Esta cruz reemplazó a otra de madera de urunde’y colocada cuando sus restos fueron recuperados años después.
La cruz original se conserva actualmente en un relicario del Museo Fray Juan Bernardo de Caazapá, donde es venerada por visitantes y devotos.
Las celebraciones previstas para los próximos días buscan mantener viva la memoria de quien es considerado uno de los principales protagonistas de la evangelización temprana en Paraguay y una figura clave en la preservación del idioma guaraní, patrimonio cultural que continúa identificando a millones de paraguayos.


