De madrugada y en burrito: el sacrificio de un niño para llegar a la escuela
SAPUCAI. La historia de Pedro Florentín, un estudiante de sexto grado de la compañía Costa Po’i, distrito de Sapucai, departamento de Paraguarí, se convirtió en un ejemplo de perseverancia y sacrificio. Cada madrugada, el niño recorre más de cinco kilómetros montado en su burrito para llegar hasta la escuela de la comunidad de Loma Guazú, donde asiste diariamente a clases.
Su jornada comienza cuando todavía no amanece. Con una linterna para iluminar el camino y acompañado por su fiel perro, Pedrito enfrenta el frío, la oscuridad y los caminos rurales con un solo objetivo: llegar puntualmente a la escuela y continuar sus estudios.
Detrás de esa rutina existe una historia de esfuerzo familiar. Sus padres habían criado una vaquilla con la esperanza de venderla y comprar una motocicleta que facilitara el traslado del niño. Sin embargo, el animal fue robado antes de concretar la venta, frustrando el sueño de adquirir un medio de transporte más rápido.
Lejos de rendirse, la familia buscó otra alternativa. Con el dinero que logró reunir tras esa pérdida, compró un burrito que hoy se convirtió en el compañero inseparable de Pedrito y en el medio que le permite seguir asistiendo a clases todos los días.
El caso volvió a poner sobre la mesa la realidad que enfrentan numerosos estudiantes del interior del país, quienes deben recorrer largas distancias para acceder a la educación debido a la falta de transporte público o de servicios escolares adecuados en las comunidades rurales.
La historia también reavivó el debate sobre las condiciones de acceso a la educación fuera de los centros urbanos. Más allá de las dificultades, el compromiso del niño y el apoyo de sus padres reflejan el enorme valor que la familia otorga al estudio como herramienta para construir un mejor futuro.
La imagen de Pedrito sonriendo mientras avanza sobre su burrito, acompañado por su perro, ha generado admiración y solidaridad entre miles de paraguayos. Su historia no busca romantizar la pobreza, sino poner en evidencia el esfuerzo cotidiano de muchas familias que, pese a las adversidades, hacen todo lo posible para que sus hijos permanezcan en la escuela.

Para muchos, Pedro Florentín representa el rostro de cientos de niños paraguayos que cada día desafían las dificultades para ejercer su derecho a la educación, convirtiéndose en un símbolo de constancia, esperanza y superación.






